Cada sábado, los voluntarios de HUELLA cocinaban y preparaban viandas para unas sesenta personas, en su mayoría niños, que se encuentraban en situación de calle. Los domingos, un segundo grupo terminaba el trabajo comenzado el día anterior y hacía la entrega, en la plaza Monseñor de Andrea, en el barrio porteño de Recoleta. Además, una vez al mes se les entregaba ropa y calzado.
Las viandas consistían en una bandeja con alimento, acompañada de un tenedor descartable, pan y una fruta. En invierno, cada una contenía una abundante porción caliente de polenta, arroz o fideos con salsa. En verano, en cambio, tenían una ensalada fría de arroz, fideos o legumbres, siempre acompañadas con verduras frescas y, a veces, con huevo duro.
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El Comedor a cielo abierto comenzó a funcionar en el 2001, en plena crisis social y económica. Fue a partir de un grupo de amigos que decidió hacer algo ante la pobreza y el hambre crecientes.
Fue la primera actividad de nuestra ONG, a partir de la cual se formó una estructura solidaria que derivó en lo que hoy es HUELLA que continúa con otras acciones. |